sábado, octubre 11, 2008

Roberto





Roberto escribía a la luz de una vela a punto de agotarse las última líneas de una carta garabateada extensamente y ocupada hasta los bordes. Esta carta sería quizás
la mas larga que haya escrito nunca... la última que escribiría en su vida.
Ya los años pesaban en su cuerpo y su silueta, aunque enflaquecida por el paso del tiempo se mostraba erguida frente al escritorio. Erguida y orgullosa era su postura, y así se sentía, altanero, orgulloso, soportando los errores y pesares de su vida, sostenido por las alegrías y felicidades que en tiempos de aquende había experimentado.
Su cabellera, ya tocada por la nieve, era larga, estaba afirmada por una cola en la nuca que le daba el aspecto de un antiguo señor. Su mirada era firme y compuesta, decidora e imponente que recordaba aun los fuegos de su juventud. Su rostro aunque endurecido por lo pasado y apenado por lo presente, reflejaba suavidad y sabiduría en sus expresiones, marcas de un sentimiento mas allá de lo comprensible y calculable.

Todas sus facciones ahora estaban concentradas, tensas, fijas en la carta, temblabanle las manos que antaño nunca habían temblado y tomaban su cabeza en un intento desesperado por calmarse y desterrar el orgullo que de un modo u otro evitaba que confesara sus mas puros sentimientos.

Después de respirar profundamente, se decidió a redactar su última confesión. Miró pues el retrato de aquella que ocuparía las últimas lineas de su carta, un retrato que él había dibujado y que todavía se conservaba indemne al transcurso imparable de los años.

Esas lineas rezaban lo siguiente:
Tú, sigues ahí tan joven y seductora como siempre, tan terrible y escandalosa, tan blanca
y oscura. Tú, que hace años que ya no estás con el fantasma de tus recuerdos
me sigues visitando. Traidora, cobarde, arrancaste de mi cuando más te necesitaba y al
mismo tiempo...te quedaste. Mujer vengativa, ya cuando no queda mas que la sombra
cadavérica de mi ser me vienes a ver... sonriente, alegre, jovial.
¿Qué daño te hice?¿ Qué error cometí? Aún no lo sé, aún no me lo has dicho y sin embargo
lo entiendo. ¿Qué te has creído? pasaste por mi vida lo que dura un suspiro y tuviste el descaro
de dejarme tu eterno recuerdo. Y ahora, me vienes a buscar, te siento, te observo, me
miro en el espejo y te veo a mi lado. Hace tiempo que lo haces, quizás desde siempre.
Estúpida,¿ creías que me iba a olvidar de ti ? Joven fui pero ya cursaban otras vidas en mi
interior para tener la insensatez de olvidar. Estúpida y a la vez sagaz, ya lo sabías,
viniste a mi con esa intención, para recalcarme que no tengo que olvidar. para hacerme
entender que eras imperturbable y que llegaste para no irte jamás.
¡Mírame! Soy un viejo decrépito, resto mezquino de días gloriosos. Basura del Hombre que
fui... y que por cierto lo seguí siendo después desde que te fuiste.
Ahora te escribo estas malditas líneas porque no me quedaba otra salida. No quiero irme a la
tumba con Tu rabia en mi interior. Nos encontraremos, si .. es verdad, pero esta vez
te quedarás a mi lado. Te lo juro, por Dios o por el diablo, por el lugar donde estés, por los
lugares donde estuviste, por todo lo que miraste, tocaste, hablaste y ... amaste.
Espero que te hayas dado cuenta de que te ido a visitar. Si. encontré esa morada, a donde
voy yo ahora. A donde vamos todos cuando no tenemos nada mas que hacer en este mundo
¿Te dije o no esa última noche que te iba a encontrar? Esa vez te reíste, te reíste porque
no creias en mi, te reías porque nunca me conociste, porque nunca te diste el tiempo de
conocerme. Yo "te supe" desde el principio, desde que te ví, ¿Cómo fuiste tan ciega?
Esta bien, no haré mas preguntas, solo te pido que esta vez, me esperes. Dejo mi vida
mis hijos, mi otro amor, por encontrarme contigo, piensa en mi entonces, te lo ruego.
Por última vez te lo ruego... espérame esta vez. Ya no con tus huesos hace tiempo
carcomidos, sino con tu pelo, tus ojos brillantes, tus labios de sabor a miel y tu piel
con ese olor a paz que siempre quise.
Hasta luego soñadora, hasta pronto traicionera, nos encontraremos y esta vez no te irás
de mi lado.

A la mañana siguiente Roberto apareció acostado en su lecho inmenso. Su cuerpo estaba rígido pero reflejaba la paz que siempre tuvo, su rostro se veia mas limpio y joven de lo
que en el último tiempo parecía. Su cabello estaba peinado, esta vez suelo rozandole sus
anchos hombros. Vestía su traje negro, su camisa con toque a gris y la corbata negra de rayas azul marino. Una carta aparecía desde el bolsillo de su chaqueta, sellada con tinta de cera
como se ocupaba para ocasiones especiales y una flor blanca se asomaba por una de sus manos, ya marchita pero que no dejaba de brillar. Por último, de sus mejillas asomaba una lágrima, un cristal, último respiro de su vida, que antes de expirar habia querido decir

Amanda










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